
El acontecimiento: un terremoto que sacudió una visión del mundo
El 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos, un potente terremoto sacudió Lisboa durante la mañana. Los fieles se habían reunido en las iglesias y la capital portuguesa era un activo puerto atlántico que conectaba Europa con territorios y redes comerciales de ultramar. En pocos minutos, los edificios derrumbados convirtieron calles conocidas en pasos peligrosos. El acontecimiento trascendió pronto la tragedia portuguesa: sus efectos físicos cruzaron fronteras y los relatos de destrucción circularon por Europa, cuestionando ideas sobre la civilización, la fe y el lugar de la humanidad en la naturaleza. [1]
La catástrofe se desarrolló mediante varios peligros relacionados. Las sacudidas derribaron muros y dañaron viviendas, edificios religiosos e instituciones públicas. Después, un tsunami golpeó la ribera y convirtió un posible refugio frente a los derrumbes en otro espacio expuesto. Los incendios se propagaron por la ciudad dañada, favorecidos por velas volcadas y otras fuentes de ignición. Esta secuencia resulta fundamental: el desastre histórico nació de la interacción entre movimiento del terreno, agua marina, combustión y entorno construido. Una sola sacudida, considerada de forma aislada, no explica toda la experiencia de quienes intentaban ponerse a salvo. [1][2]
Las reconstrucciones modernas suelen situar la magnitud alrededor de 8,5, aunque la fuente exacta frente a la costa y el mecanismo continúan debatiéndose. No existen registros instrumentales comparables a los sismogramas actuales; por ello, los investigadores contrastan testimonios históricos e indicios físicos. Las estimaciones de víctimas también varían considerablemente. Murieron muchos miles de personas, y presentar una cifra aparentemente exacta ocultaría esa incertidumbre. Portugal, España y Marruecos sufrieron efectos importantes, mientras las observaciones del tsunami llegaron al otro lado del Atlántico. Lisboa forma así parte de una historia compartida de vulnerabilidad costera, no únicamente de la memoria de una ciudad. [1][2]
La fecha intensificó la conmoción espiritual. Las iglesias ofrecían significado sagrado y protección material, pero muchas quedaron devastadas. Para los creyentes surgieron preguntas dolorosas sobre la providencia, el castigo y el sufrimiento de inocentes. Estas cuestiones se acercan al interés esotérico por un orden oculto, aunque no constituyen pruebas de causalidad sobrenatural. Las interpretaciones religiosas convivieron con intentos de explicar el fenómeno mediante procesos naturales. La catástrofe mostró la fuerza con que buscamos patrones comprensibles cuando se derrumban las expectativas cotidianas y los lugares familiares dejan de parecer seguros. [3]
Voltaire cuestionó el optimismo filosófico en su poema sobre el desastre de Lisboa; Rousseau respondió mediante una carta sobre la providencia. Su desacuerdo se convirtió en un hito de los debates ilustrados acerca del mal, la naturaleza y la responsabilidad. Más tarde, Cándido incorporó también Lisboa a una crítica de los sistemas tranquilizadores incapaces de afrontar el sufrimiento real. No fue una victoria sencilla de la razón sobre la fe: los pensadores discrepaban sobre lo que demostraba la catástrofe. La relación entre peligro natural y organización humana siguió siendo una cuestión central de aquella discusión intelectual. [3]
Bajo José I y su ministro Sebastião José de Carvalho e Melo, futuro marqués de Pombal, la reconstrucción dio a Lisboa una nueva forma urbana. Calles anchas, plazas planificadas y un centro geométrico expresaban la ambición de recuperar el orden tras el caos. Reconstruir planteaba también preguntas duraderas: qué vidas se protegen, cómo debe circular la gente y qué hace resiliente un asentamiento. El significado de Lisboa reside en esa combinación de devastación física, discusión espiritual y reconstrucción práctica. Sus ruinas exigieron examinar nuestras explicaciones del mundo y los espacios que levantamos para vivir dentro de él. [1]
Interpretación Feng Shui: equilibrio sin culpar a las víctimas
Lisboa 1755 y Feng Shui pueden dialogar mediante una preocupación compartida por la relación entre las personas y los lugares. Esta es una lectura comparativa contemporánea, no una prueba de que Lisboa se planificara según la geomancia china. El Feng Shui no explica una ruptura tectónica ni predice un tsunami. Nunca debe presentarse una catástrofe como castigo por un qi negativo o por muebles mal colocados.
En el Feng Shui, el agua suele asociarse al movimiento, los intercambios y las oportunidades. El puerto de Lisboa ilustra ese simbolismo: favorecía el comercio, pero también exponía la ribera a olas destructivas. La lección no es que el agua sea afortunada o desafortunada por naturaleza. El valor de un lugar depende del contexto, las proporciones y la relación entre beneficio y exposición. La interpretación simbólica ayuda cuando fomenta observar con atención, en vez de imponer certezas.
El yin y el yang ofrecen otra perspectiva. Refugio y apertura, quietud y circulación, seguridad e intercambio se necesitan mutuamente. Una ciudad completamente cerrada puede resultar opresiva; una apertura sin protección puede dejar vulnerables a sus habitantes. Las calles y plazas reconstruidas pueden considerarse, por tanto, formas de organizar el movimiento, la visibilidad y el espacio compartido. Es una analogía sobre la experiencia vivida, no una afirmación científica acerca de fuerzas invisibles.
Las cinco fases aportan un vocabulario de interdependencia: tierra como apoyo, agua como flujo, fuego como transformación, madera como renovación y metal como estructura. Son categorías interpretativas, no sustitutos de la ingeniería. Una lectura responsable une sentido y cuidado: honrar a quienes murieron, proteger a quienes viven, conservar la memoria comunitaria y diseñar lugares acogedores. La armonía exige atención continuada a las relaciones y a las condiciones concretas del habitar; no garantiza que la naturaleza nos perdone.
Fuentes y lecturas complementarias
- Europeana — Adrian Murphy (2023), What was the impact of the Great Lisbon Earthquake in 1755?
- Ribeiro, Silva & Leitão (2011), High resolution tsunami modelling for the evaluation of potential risk areas in Setúbal (Portugal), Natural Hazards and Earth System Sciences, 11, 2371–2380.
- Jan Rutsch (2025), Le séisme de Lisbonne et sa vision philosophique entre Voltaire et Jean-Jacques Rousseau, Sociopoétiques.
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